Declaración de La Sorbona
Declaración conjunta para la armonización del diseño del Sistema de
Educación Superior Europeo (a cargo de los cuatros ministros
representantes de Francia, Alemania, Italia y el Reino Unido)
La Sorbona, París, 25 de mayo de 1998
Recientemente, el proceso europeo ha dado pasos de extremada
importancia. A pesar de la relevancia que ello tiene, no deberíamos
olvidar que al hablar de Europa no sólo deberíamos referirnos al euro,
los bancos y la economía, sino que también debemos pensar en una Europa
de conocimientos. Es deber nuestro el nsolidar y desarrollar las
dimensiones intelectuales, culturales, sociales y técnicas de nuestro
continente. Éstas han sido modeladas, en gran medida, por las
universidades, quienes todavía desempeñan un papel imprescindible en su
desarrollo.
Las universidades se originaron en Europa hace unos tres cuartos de
milenio. Nuestros cuatro países poseen algunas de las más antiguas, las
cuales celebran actualmente importantes aniversarios, como es hoy el
caso de la Universidad de París. En aquellos tiempos, los estudiantes y
los académicos solían circular libremente y difundían con rapidez sus
conocimientos por todo el continente. En la actualidad, gran número de
nuestros estudiantes todavía se gradúa sin haber tenido la oportunidad
de realizar un periodo de estudios al otro lado de las fronteras
nacionales.
Se aproxima un tiempo de cambios para las condiciones educativas y
laborales, una diversificación del curso de las carreras profesionales,
en el que la educación y la formación continua devienen una obligación
evidente. Debemos a nuestros estudiantes y a la sociedad en su conjunto
un sistema de educación superior que les ofrezca las mejores
oportunidades para buscar y encontrar su propio ámbito de excelencia.
Un área europea abierta a la educación superior trae consigo una gran
riqueza de proyectos positivos, siempre respetando nuestra diversidad,
pero requiere, por otra parte, el esfuerzo continuo que permita acabar
con las fronteras y desarrollar un marco de enseñanza y aprendizaje. Se
espera que, de ahora en adelante, éste favorezca una movilidad y una
cooperación más estrechas.
El reconocimiento internacional y el atractivo potencial de nuestros
sistemas residen en las facilidades de comprensión que éstos ofrecen en
lo concerniente tanto a sus aspectos internos como externos. Parece
estar emergiendo un sistema compuesto de dos ciclos, universitario y de
posgrado, que servirá de piedra angular a la hora de establecer las
comparaciones y equivalencias a escala internacional.
Gran parte de la originalidad y flexibilidad de este sistema se
conseguirá mediante el sistema de créditos ,como en el sistema ECTS,
(Sistema Europeo de Transferencia de Créditos) y semestres. Esto
permitirá la convalidación de los créditos obtenidos para aquellos que
elijan una educación inicial o continua en alguna de las universidades
europeas y, asimismo, tengan intención de obtener una titulación. De
hecho, los estudiantes deberían ser capaces de acceder al mundo
académico en cualquier momento de su vida profesional y desde diversos
campos.
Se debería facilitar a los universitarios el acceso a gran variedad de
programas, a oportunidades para llevar a cabo estudios
multidisciplinares, al perfeccionamiento de idiomas y a la habilidad
para utilizar las nuevas tecnologías informativas.
Es importante el reconocimiento internacional de la titulación de
primer ciclo como un nivel de cualificación apropiado para el éxito de
esta iniciativa, en la que deseamos ofrecer una visión clara de todos
nuestros esquemas de educación superior.
En el ciclo de posgrado cabría la elección entre una titulación de
máster de corta duración y una titulación de doctorado más extensa, con
la posibilidad de cambiar entre uno y otro. En ambas titulaciones de
posgrado, se pondría el énfasis apropiado tanto en la investigación
como en el trabajo autónomo.
Tanto en el nivel universitario como en el de posgrado, se animaría a
los estudiantes a pasar un semestre, como mínimo, en universidades
ubicadas fuera de sus países. A su vez, habría más personal docente y
dedicado a la investigación realizando sus actividades profesionales en
otros países europeos diferentes a los de origen. El apoyo creciente a
la Unión Europea, en lo que a la movilidad de estudiantes y profesores
concierne, debería aprovecharse al máximo.
Muchos países, no sólo europeos, han tomado plena conciencia de la
necesidad de fomentar dicha evolución. Las conferencias de rectores
europeos, presidentes universitarios, y grupos de expertos y académicos
de nuestros respectivos países se han embarcado en la tarea de análisis
de estos objetivos.
El año pasado, en Lisboa, se acordó una convención que reconoce las
cualificaciones obtenidas en educación superior en Europa dentro del
campo académico. La convención estableció una serie de requisitos
básicos y reconoció a cada país el derecho a tomar parte en un proyecto
todavía más constructivo. Apoyándonos en estas conclusiones, podemos
llevar a cabo una mejora y llegar más lejos. Actualmente ya existen más
puntos en común para el reconocimiento mutuo de las titulaciones de
educación superior en cuanto a propósitos profesionales a través de las
respectivas directrices de la Unión Europea.
Nuestros gobiernos, sin embargo, todavía tienen que desempeñar un papel
significativo mediante la promoción de medios que permitan la
convalidación de los conocimientos adquiridos y el mejor reconocimiento
de las respectivas titulaciones. Esperamos que todo esto promueva más
acuerdos interuniversitarios. La armonización progresiva del marco
general de nuestras titulaciones y ciclos puede lograrse a través de la
consolidación de la experiencia ya existente, las titulaciones
conjuntas, las iniciativas piloto y los diálogos en los que nos
involucremos todos.
Por la presente, ofrecemos nuestro compromiso para la promoción de un
marco común de referencia, dedicado a mejorar el reconocimiento externo
y facilitar tanto la movilidad estudiantil como las oportunidades de
empleo. El aniversario de la Universidad de París, hoy aquí en La
Sorbona, nos ofrece una oportunidad solemne de participar en una
iniciativa de creación de una zona Europea dedicada a la Educación
Superior, donde las identidades nacionales y los intereses comunes
puedan relacionarse y reforzarse para el beneficio de Europa, de sus
estudiantes y en general de sus ciudadanos. Nos dirigimos a otros
estados miembros de la Unión Europea y a otros países europeos para que
se unan a nosotros en esta iniciativa, así como a todas las
universidades europeas para que se consolide la presencia de Europa en
el mundo a través de la educación continua y actualizada que se ofrece
a sus ciudadanos.
Claude Allègre (Ministro de Investigación Educativa Nacional y Tecnología, Francia)
Tessa Blackstone (Ministro de Educación Superior, Reino Unido)
Luigi Berlinger (Ministro de Educación Pública, Universidad e Investigación, Italia)
Jürgen Ruettgers (Ministro de Educación, Ciencias,
Investigación y Tecnología, Alemania)
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